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El peor enemigo del pensamiento es la prosa; como el peor enemigo del poema es el verso. Toda la ambición de uno y otro debe cifrarse en vencer a su enemigo, en encadenarlo, en convertirlo en escabel.
Pero no olvidar que san Miguel debe todo su prestigio —y todo su pedestal— al diablo. Pero no olvidar que el artista debe toda su altura —y toda su firmeza— a sus días de artesano, a sus horas de aprendiz.
SE ACABÓ DE IMPRIMIR ESTE LIBRO EN LA IMPRENTA DE LA CIUDAD LINEAL EL DÍA XV DE JUNIO DEL AÑO MCMXXVII
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